Un año más el
Festival Internacional de Cine Mediterráneo nos trae interesantes películas de todos los países del Mediteráneo a los maravillosos cines de la ciudad de Tetuán. El Festival termina este viernes, en nuestra página web podéis encontrar las
películas que se proyectan a lo largo de la semana en el Instituto Cervantes.
Entre tantas películas y sesiones repartidas por la ciudad, ayer nos emocionó descubrir a una intrépida cineasta española que presentaba a concurso su película
Family tour, y que tuvimos la suerte de conocer, junto con la actriz protagonista de la película, en un debate programado después de la proyección en la misma sala de cine. A ambas hemos querido dedicar una crítica en nuestro blog de la biblioteca.
Irse de casa es difícil; regresar, lo es aun más.
Ayer tarde, último día de marzo
de
2014, a
las cuatro, en el majestuoso cine Avenida de Tetuán, la pantalla se llenaba con
Family Tour, dirigida por
Liliana Torres. Quienes hemos emigrado y volvemos a casa, como dice la canción, por
Navidad, sentimos el argumento de forma muy próxima, tocándonos casi y
explotando alegremente con tonos musicales e intimistas. La directora ponía en
escena a toda su familia, y nos regalaba su historia personal, la de Lili, encerrada
en el cuerpo de la actriz
Nuria Gagó. Una suerte de puzzle al que le falta una
irremediable pieza mostraba en la gran pantalla un inventario de conflictos
emocionales sin resolver; mucha incomprensión; la intersección de lenguajes
distintos; y un derroche de ternura.
La película o “comedia
naturalista con cierto sabor agridulce” es de corte autobiográfico. En palabras
de Liliana Torres, el título hace referencia a los programas concertados de
consumo y ocio, los frecuentes “family
packs” de parques temáticos, por ejemplo. La experiencia creativa consistía
en cerrar un ciclo y permitir una catarsis para resolver lo afectivo y lo
emocional; en suma, para crecer, amar y permitir ser amada. Pero reencontrarse
no es fácil, nos pesan las infancias que idealizamos y quedan impresas en la
memoria como refugios y realidades a menudo desvirtuadas. Crecemos y las
prendas infantiles ya no nos dejan libertad para movernos, aunque insistamos en
vestirlas. La necesidad de la desnudez y el reconocimiento fuera de los árboles
genealógicos arranca lágrimas y desconcierto. Lo anecdótico juega un papel
importante en la obra, así como esas curvas interminables y algo laberínticas de
camino a la ciudad. Y la reflexión crítica va alternando con la rigidez mental
o la “frigidez emocional”. El cariño oscila entre “terrorismo inspiracional”,
robos de plantas, ceniceros llenos de colillas, y visitas al cementerio. Muchas
preguntas, y muy sugerentes, pero ninguna respuesta gratuita. La sombra de la
tía Cloti, protagonista ausente, nos deja sin respuestas, así como lo hace la
cantante del concierto y el antiguo novio que ha decidido amar a otro hombre.
La actriz y protagonista, Nuria
Gagó, impecable y sublime en su interpretación, nos obsequiaba ayer con una amplia sonrisa y nos contaba lo especial que había
sido rodar junto a actores sin experiencia profesional y sin formación dentro
del séptimo arte. Convivió con ellos y elevó tanto el grado de empatía que tras
la finalización del rodaje enfermó de manera encadenada y como resultado, quién
sabe, si del agotamiento o de su propia catarsis…
De reencuentros con la familia
también nos han hablado con bellas imágenes y guiones exquisitos Sâad Chraibi
en Femmes en miroirs (2011); Mar Coll
en Tres días con la familia (2009); y
Laïla Marrakchi en Rock The Kasbah
(2013). A diferencia de Lili, que regresa a pasar unas vacaciones, en estas
tres obras, las mujeres vuelven a casa por fallecimiento de algún familiar,
acaecido ya o esperable. Las cajas de los secretos se abren, las miradas se
cruzan construyendo complicidades, y la emoción contenida asoma disfrazada de
lágrimas o de sonrisas. Estas cuatro obras cinematográficas dibujan un buen
escenario en torno a mujeres con proyectos propios de vida que bailan entre dos
aguas: familias que las anulan e invisibilizan y les hacen sufrir; y, familias
que responden a ese trampolín desde el que saltamos con grandes alas y muchos
miedos a la vida adulta, saliendo de los nidos, por voluntad propia o
sintiéndonos expulsadas. En definitiva, ese arco del que hablara hace mucho
tiempo Ŷibrān Jalīl, desde el que somos lanzadas como “flechas vivientes” a la
vida.
Un grande y sonoro aplauso para
Liliana Torres Expósito y para toda su familia, se lo merecen.