jueves, 9 de marzo de 2017

Un viaje al Tánger emocional


La emocionalidad explicada a través de un viaje a nuestro interior, este es el maravilloso desafío que nos propone Farid Bentria para reflexionar y descubrirnos a nosotros mismos al tiempo que vamos adentrándonos en las diferentes secuencias expositivas separadas en bloques temáticos en blanco y negro de diferentes ciudades, que determinan el principio y el fin de muchas sensibilidades, evocaciones y profundas y recurrentes preguntas. 

Una noria, un collage, un ajedrez,  una partida perdida, un reloj, una gaviota en diferentes manifestaciones de su esencia… o  imágenes en movimiento que varían al tocar y sentir la arena sobre la que están reflejadas, mostrando la fragilidad y la distorsión de los recuerdos, pues ¿qué somos más allá de nuestros propios recuerdos e interpretaciones? ¿Qué producen todas estas imágenes en nuestro interior? Farid nos lleva de la mano en el siguiente texto para recorrer su explosión artística plasmada en imágenes, poesía, música y profundas sensaciones, a través de una cuidada instalación que no dejará indiferente a ningún visitante. Os animamos a venir al Instituto Cervantes de Tetuán y visitar esta magnífica exposición, tan personal como emotiva, que estará disponible hasta el 18 de marzo de 2017 entre nuestro muros.  


Nawras. La ciudad y su testigo

¿Y si te propusieran un viaje al interior de un poema? ¿Y si ese viaje te introdujera en una manera de ver el mundo? ¿Y si en esa manera de ver el mundo, a través de la empatía y los sentidos, de la emoción, encontraras una parte de ti? ¿Aceptarías? Si es así, sólo tienes que dar un paso y entrar en el Instituto Cervantes de Tetuán hasta el próximo 18 de Marzo, aceptar la mano tendida que es Nawras y comenzar el viaje.

Partimos de una idea simple: habitamos la ciudad pero la ciudad habita en nosotros. Es, por tanto, la ciudad en la que nos hemos hecho la que nos otorga una manera de ver el mundo. Yo soy de Tánger, y Tánger es un completo imaginario colectivo, una “deliciosa mentira” según decía un tangerino tan evocador como Emilio Sanz de Soto, una “prisión voluntaria” en palabras de un tangerino de adopción como Paul Bowles, alguien que también decía de Tánger que era “más New York que New York”. Nawras es, por tanto, una manera de emocionarse, la mía, inyectada por una ciudad que puede ser mil y una ciudades y que puede encontrarse, a poco que creas en la evocación, en otras tantas.

La gaviota (nawras) que nos sirve de guía comienza su viaje en el hall de entrada con una introducción a los elementos base de esa manera de ver el mundo a la que hago referencia. Esos elementos, que se repetirán a lo largo de toda la instalación, son un mar fuerte y protagonista, una luz intensa (y la sombra que provoca) que no sabe de límites y una sensación constante de belleza y libertad. Entramos por la puerta de la sala de exposiciones bajando simbólicamente unas escaleras para atender a una fotografía del Tánger emocional y de su evocación fuera de Tánger. Luego avanzaremos por secuencias y estímulos que se transmutan en olas suaves y brisa de mar para explicarnos, en un primer recorrido, en la primera ala, qué desarrolla un imaginario que bien podría ser, además de tangerino, universal. 

Esta primera ala comienza la narrativa hablándonos del ciclo de la vida y el renacer continuo, también, por tanto, un morir continuado, un Fénix no conforme. La siguiente secuencia nos propone un juego de emociones que comienza en una partida de ajedrez y que alcanza sentido cuando el espectador empatiza con el resto de imágenes y encuentra en cada una de ellas una historia. La tercera secuencia nos habla del tiempo, de esa costumbre tan de esta zona del mundo que consiste en hacerlo relativo, en jugar con él ya sea esperando un atardecer, inmersos en una ensoñación o queriendo evitar una marcha. La última secuencia asume que ya hemos aprendido a ver Tánger tanto en sus presencias como en sus evocaciones.

La segunda ala de la gaviota nos habla de saber encontrar la musa, de la bidireccionalidad de lo evocado, del Tánger más íntimo del autor, de las maneras de ser de esta parte del mundo, de la paradoja que nos contempla, de la vida que observamos y nos observa.

No hay que sorprenderse que para hablar de una ciudad no utilice prácticamente fotos de ella, hablo de la emoción con la que, la ciudad que nos impulsa, nos hace ver el mundo. Así llegamos a la tercera narrativa, una instalación dentro de la instalación en la que sumergirse en el interior del ojo de la gaviota mientras capta la realidad y la transforma en recuerdo, una instalación que invita a ser parte de ese proceso y jugar a deformar la realidad con nuestras propias manos.

Somos esa realidad falseada, ese misterio en el tacto, esos colores, esos versos, la evocación, la brisa, las olas, el mar, la luz… Somos el resultado incierto del lugar que nos enseñó a morder la fruta.

Farid Othman-Bentria Ramos

No hay comentarios :

Publicar un comentario