lunes, 25 de mayo de 2026

Club de lectura 4L4C a dos voces con Juan Tallón y Beatriz Serrano

Este domingo 24 de mayo, en la segunda sesión del club de lectura 4 Lecturas 4 Continentes de este año, nos encontramos por primera vez con dos escritores a la vez, Juan Tallón y Beatriz Serrano. Ambos autores compartieron una conversación en torno a dos novelas que habían fascinado a los lectores y que, al mismo tiempo, establecen un sugerente diálogo entre sí: Mil cosas, de Juan Tallón, y El descontento, de Beatriz Serrano.

El vínculo de Juan Tallón con la literatura comenzó en la adolescencia, gracias a los clásicos y al Círculo de Lectores, en una pequeña aldea gallega. En el caso de Beatriz Serrano, esa pasión nació también en la juventud, aunque desde la oralidad: los cuentos, las conversaciones cotidianas y el habla de la gente la condujeron después hacia el llamado realismo sucio, movimiento literario surgido en Estados Unidos en los años setenta que retrata la realidad sin adornos, mediante un estilo directo y minimalista centrado en personajes marginales o derrotados. Beatriz confesó haber atravesado muchas etapas vitales distintas, pero siempre con un libro entre las manos.

Beatriz Serrano, Ángel Hernando, moderador del club, y Juan Tallón el domingo 23 de mayo.

El periodismo ocupa un lugar fundamental en la obra de ambos escritores. En palabras de Tallón, «te somete a unas reglas, exige un estilo y te obliga a dar respuestas claras»; un equilibrio constante entre lo que se cuenta y cómo se cuenta. Para Beatriz, el periodismo le ha dado «callo» y le ha quitado el miedo. Los dos coinciden además en una entrega absoluta a la literatura: todo lo organizan en función de ella, y todo aquello que les roba tiempo para leer o escribir se convierte en una carga. De ahí la importancia, presente también en sus novelas, de aprender a decir que no.

En este sentido, ambos se mostraron muy críticos con el uso de la inteligencia artificial para escribir o corregir textos literarios. Precisamente el proceso de escribir —equivocarse, corregir, encontrar soluciones— es para ellos una parte esencial del placer creativo. La literatura, afirmaban, tiene mucho que ver con los problemas: el arte es también una forma de afrontar dificultades y tratar de resolverlas.

La conversación derivó después hacia los talleres literarios, la autoedición, el narcisismo contemporáneo y la necesidad de perseverar sin buscar atajos fáciles. También se habló de la importancia de «dar cajón» a los libros, dejar que reposen, y de reivindicar la figura del editor para enriquecer la experiencia lectora. Sobre la metaliteratura y las referencias culturales presentes en sus obras, Beatriz aseguró que no podría desprenderse de ellas, igual que no podría prescindir de Madrid. Juan Tallón, en cambio, confesó haber dejado atrás la obsesión por ciertos autores y poetas que marcó etapas anteriores de su escritura: las referencias siguen presentes, pero ya no ocupan el centro de su literatura.

Desde que fue finalista del Premio Planeta, Beatriz Serrano estructura sus semanas entre el podcast Arsénico caviar y el deporte. El germen de El descontento nació de la insatisfacción y de las preguntas que empezó a detectar a su alrededor: la precariedad emocional y laboral de muchos treintañeros, la apatía, la falta de ilusión. Entre sus influencias citó obras como Mira las luces, amor mío, de Annie Ernaux, junto a otras lecturas relacionadas con el mundo laboral. Se definió como una escritora muy visual, marcada por la «cultura de videoclub», y explicó que en la novela quiso construir un entorno laboral asfixiante y opresivo, una oficina de la que el lector quisiera escapar, en contraste con la luminosidad del exterior: el Museo del Prado, algunos personajes secundarios o ciertas reflexiones que abren pequeñas grietas de esperanza.

Lectores durante el club de lectura 4L4C de mayo.

Con todas estas cuestiones sobre la mesa, se abrió el turno de intervención de los lectores. Las primeras preguntas giraron en torno al sentido de la vida presente en ambas novelas y a la intensidad vital de Marisa, protagonista de El descontento. Algunos lectores confesaron haberla encontrado desagradable y profundamente triste en determinados momentos. Beatriz explicó que precisamente buscaba construir un personaje contradictorio y humano, capaz de despertar ternura o rechazo según el instante, como ocurre con cualquier persona real. No pretendía que el lector la quisiera, aunque sí era consciente de que podía resultar incómoda. También reconoció que, pese al humor que atraviesa la novela, el libro es profundamente triste y aborda cuestiones muy duras. Los lectores destacaron igualmente la presencia de las drogas y los ansiolíticos como refugio frente al malestar de Marisa. Beatriz recordó que España encabeza el consumo de ansiolíticos en Europa y se preguntó hasta qué punto esto tiene relación con nuestro modo de vida. Su intención era colocar en el mismo plano las drogas legales y las ilegales para invitar a la reflexión.

Ambos autores confesaron además haber comenzado sus novelas por el final. Sin embargo, mientras Beatriz buscaba un desenlace esperanzador pese al tono depresivo de su protagonista, Juan Tallón perseguía justamente lo contrario. Algunos lectores comentaron que, al terminar Mil cosas, se sentían tan culpables como el protagonista, precisamente porque reconocían en él comportamientos y pensamientos muy cercanos. Tallón explicó que, para quien quiera encontrarlo, existe un pequeño resquicio de esperanza apenas un par de páginas antes del final. También hubo preguntas sobre el ritmo vertiginoso de esta novela. Tallón reveló algunos de sus recursos narrativos: frases cortas, abundancia de verbos y acciones, escasez de adjetivos y un uso constante del presente de indicativo para transmitir inmediatez y sensación de tiempo real.

Una lectora preguntó finalmente qué les gustaría que permaneciera en los lectores después de leer sus novelas. Beatriz respondió sin dudar que le gustaría que sirvieran para hacernos más empáticos y generosos con los demás, más conscientes de los «infiernos interiores» que todos arrastramos. Tallón alabó y compartió ese deseo, deseando de corazón que la literatura pudiera realmente transformar a las personas.

Y, después de haber empezado hablando de los finales, llegamos inevitablemente a los títulos. Beatriz Serrano confesó que se resistió a cambiar El descontento pese a la insistencia de la editorial, convencida de que muchos lectores lo confundirían con El desencanto, como efectivamente ha sucedido. Ese era, de hecho, el título original que había pensado, pero ya existía. «Desencanto» le parecía la palabra perfecta para describir esa emoción pasiva que conduce a la inacción. El título inicial de Tallón era Cierta sensación de felicidad, aunque finalmente sus editores lo convencieron para cambiarlo. Él, amante de los títulos breves, aceptó encantado Mil cosas, aunque bromeó con que no podía contar la historia completa porque a veces la historia de los títulos de los libros son más interesante que los propios libros.

Y terminamos hablando del buen momento actual de la literatura española, una afirmación de una lectora con la que ambos escritores estuvieron de acuerdo, y que para Tallón se mide en las traducciones a otras lenguas. Cerramos así una tarde memorable, agradeciendo especialmente a ambos autores su cercanía, su humor y, sobre todo, sus libros: dos novelas profundamente actuales, llenas de inteligencia, ironía y literatura, que tuvimos la suerte de descubrir y compartir juntos.

Juan Tallón y Beatriz Serrano durante el club de lectura.

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